Breve nota sobre el órgano de la iglesia de San Ildefonso de Valladolid.

 

órgano San Ildefonso Valladolid

El órgano OESA (1968) de la iglesia de San Ildefonso de Valladolid. En fachada, el órgano posee los tubos del Flautado y el Clarín-Trompeta (que es como el Bajoncillo-Clarín del órgano barroco ibérico). Detrás de la fachada se encuentra el secreto del I Teclado, detrás de éste, el II metido en su caja expresiva y detrás de todo, los tubos del pedal, en una disposición que recuerda a los planos del órgano romántico (véase la idéntica dispoisición de divisiones en el Merklin-Gutschenritter de Algorta (1908) del que hablábamos el otro día).

Se trata de un órgano construido por OESA en 1968 y recuperado por los Hnos. Azpiazu en 2009-10. Su transmisión es electroneumática, usando secretos de corredera (como el órgano del Teatro Real de Madrid, hoy en Guecho, órgano, este del Teatro Real, que tenía oportunidad de probar hace años). Su disposición es esta:

I TecladoÓrgano mayor56 notas II TecladoExpresivo56 notas Pedal30 notas
Flautado 8’ Violón dulce 8’ Subajo 16’
Flauta chimenea 8’ Tapadillo 4’ Violón 8’
Octava 4’ Quincena 2’ Pedales de combinación
Lleno III-IV Nazardo-Corneta III II/Ped, I/Ped, II/I,
Clarín 4’-Trompeta 8’ Zímbala III Expresión,Temblante,Exclusión lengüetas,Tutti

Lo que contábamos en un post anterior en el que hablábamos ligeramente del órgano neoclásico se podría aplicar aquí. Me gustaría resaltar lo útiles que son las mixturas en expresión (el Nazardo-Corneta y la Zímbala) para parte del repertorio sinfónico (a Vierne, sobre todo, le hacen mucha justicia), ya que con ellas se puede jugar a los sonidos resultantes, muy interesante en este órgano que -aparentemente- no tiene juegos asociados al órgano romántico como Gambas o Fagot y oboe; por ejemplo, el Nazardo-Corneta III junto a las flautas y tocando en el I, con el II acoplado, puede recordar un tanto al sonido de las lengüetas suaves orquestales o a algunos intensos cordófonos. La Zímbala puede remedar lejanamente, gracias a su suavidad y al estar en expresión también, los registros de cuerdas que son una orgía de armónicos (muy comunes en los órganos de salón americanos de los años 20 ó 30). Audsley, por ejemplo, en sus órganos muy románticos, se dio cuenta del valor de las mixturas en teclados expresivos por sus sonidos resultantes de gran colorido orquestal, pues no valoraba mucho su sentido contrapuntístico. En este órgano de San Ildefonso, la armonización y retomas del Lleno y Zímbala dan al órgano también un carácter contrapuntístico muy visible. Todo esto es típico del órgano neoclásico y ya había sido experimentado y codificado por Víctor González, el creador del estilo, en Francia en las décadas de 1920 y 1930.

 

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Acerca de villaumbrosa

Dilettante y excéntrico, interesado por las ideas estéticas, postromántico fuera de época, todo eso se podría decir de mí. Dentro de ese interés por las ideas estéticas, está mi mayor afición, el órgano de tubos y su música. En este blog iré compartiendo las cosas que más interesantes me parezcan (siempre asumiendo un grado de subjetividad) sobre el Rey de los instrumentos. De todas formas, ya advierto que me encanta empezar hablando de una cosa y, relacionando, relacionando, acabar hablando de otra muy distinta (lo que se conoce como "irse por los cerros de Úbeda").
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6 respuestas a Breve nota sobre el órgano de la iglesia de San Ildefonso de Valladolid.

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  3. villaumbrosa dijo:

    Hombre, Fglez, cualquier cosa en Saint Sulpice…pues no sé. Quizás haya cosas de música antigua que suenen un poco raras en él, aunque se puedan tocar, que en ese órgano, un porcentaje no desdeñable del material sonoro es de Clicquot y al parecer Cavaillé-Coll no lo rearmonizó. Que conste que yo no creo en el órgano universal, siempre habrá algo del repertorio que en algún órgano no funcione. En ese caso, a veces el organista ha intentado cambiar en vez de la partitura del atril, el estilo del órgano que tenía, produciendo a veces pérdidas muy notables. Yo creo que es mejor ver qué se puede tocar de la literatura en cada instrumento y cómo y respetarlo (salvo casos casi de fuerza mayor), que transformarlo. Esto nos exige tener algunos conocimientos de historia de la organería, de repertorio, registración, al alcance de casi todos, ya que hay libros y escritos sobre el tema. Y luego, como bien dice usted, experimentar cuando no hay nadie escuchando. Decían que Bach sabía qué había que hacer con cada registro y cómo usarlo de la mejor manera posible. Yo creo que eso es el ideal.
    Organistas con mayor nivel que yo en todo los hay, y no pocos, que uno es un aficionado nadas más.

  4. Fglez dijo:

    No se queje, Villaumbrosa, que es Ud afortunado. Que en Saint Sulpice toca cualquiera (si le dejan) cualquier cosa, pero en su ¿pequeño? órgano nuevecito, hay que hilar muy fino y con juicio para que el repertorio suene coherente como Dios manda y con respeto a autor e instrumento. Ahora le toca hacerse con el control y descubrir esas sorprendentes sonoridades que esconde en su interior, contrastarlas y disfrutarlas; si es a iglesia cerrada, mejor. Pasado el tiempo verá Ud como le saca un partido mejor que otro músico de mayor nivel interpretativo, si le hubiera. Que más sabe el tonto en su casa (sin faltara nadie, ¿eh?) que el listo en la ajena. Imaginación al poder, pero sin pasarse.

  5. villaumbrosa dijo:

    Pues echar, echar en falta, echo en falta:

    -Un Bordón 16′ en el I
    -Una Flauta armónica 8′, una Gamba 8′, una Celeste 8′ y un Fagot oboe dulcecito en el II

    Pero uno tiene lo que tiene y hay que conformarse. Además, el órgano es como es y así ha de quedarse, es una obra de arte completa y de su época, cuando estos registros que yo digo no eran muy bien mirados (aunque OESA los introducía en órganos coetáneos de mayor tamaño). Hay modos de evocar la Gamba, que ya he contado, la Celeste no se evoca mal con el Trémolo que tiene, que es muy dulce y gentil y no suena en absoluto el taca-taca-taca de otros Trémolos peores, y el 16′ manual, pues, en su restauración, por suerte, el armonizador del órgano en 1968 era el padre de los organeros que lo restauraron hace menos de un año. A mí me encantan los bajos del pedalero de Amezua, muy poderosos y, después de ver que al padre también le gustaban así, hice que el Subajo del pedal se armonizara fuerte y profundo, como quedó, con muy buen resultado. Tocando con el pedal y el Subajo no se echa en falta el 16′ manual, aunque hay que doblar bastantes cosas que no tienen pedal para conseguir el resultado de profundidad adecuado, aunque el doblar-no doblar, da recursos expresivos y dinámicos muy interesantes. Me estoy refiriendo para esto, claro está, a la música francesa y española sin pedal del XIX y XX, que es “doblable”. Para repertorio barroco, aunque naturalmente se pueda utilizar en alguna ocasión muy contada y siempre con referencias históricas, no hace falta un 16′ manual casi nunca (creo que salvo en un coral de Bach de la Colección Schlübler, si no recuerdo mal, que pide hacer el bajo con un 16′ de base en la mano izquierda, no sé si habrá alguna obra similar más) y doblar la música barroca sin pedal, salvo, otra vez casos concretos y con referencias (por ejemplo, algunas secciones de Toccatas de Muffat) es una salvajada que creo que está superada.

    Por otra parte, la lengüetería del órgano es maravillosa. Se afinó a mediados de Julio la última vez y sólo, para el concierto, va a haber que retocar el Re1, que se ha movido un poco. El resto está bien de afinación. Es que, por lo que me dijeron, en estos tubos, el canal y le lengüeta están comprados en París y el espíritu de Cavaillé-Coll se nota, no como en los Alberdi o Xuclá, que las lengüetas se desafinan con sólo mirarlas, como hemos hablado alguna vez.

  6. Joaquim Zueras dijo:

    ¿No echa en falta un celeste?
    ¿El clarín se desafina sólo con mirarlo o resiste algunas ejecuciones?

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